Artículo Branding

Cómo algunas marcas sacrifican sus colores icónicos para revolucionar su negocio e imagen

Por qué la paleta de colores de las marcas tiene que cambiar con el paso del tiempo

Por Redacción - 8 Enero 2016

Los colores son uno de los elementos más importantes con los que puede jugar una marca a la hora de crear una identidad, transmitir un mensaje o crear un escenario que ayude a consolidar un valor de marca. Los consumidores asocian de forma inconsciente los colores a diferentes realidades y a diferentes valores, como demuestra el hecho de que existan artículos y análisis que extrapolan los colores a su significado. No es pensamiento mágico y no es tampoco una realidad infundada: los significados de los colores se basan en criterios culturales y en elementos subconscientes que hacen que cuando se vea un color concreto se sienta o se perciba una realidad concreta. El verde, por ejemplo, se asocia rápidamente a la naturaleza y ayuda, por ejemplo, a convencer a los consumidores de que lo que tienen delante no solo es más natural y orgánico, sino que es mucho más fresco.

El poder de los colores es abrumador y llega a muchos elementos y muchas cuestiones. Un estudio reciente de las universidades de Oregon y Cincinnati concluía, de hecho, que los colores pueden ayudar a crear la imagen de la marca a nivel ético. Los consumidores creen una cosa u otra sobre una compañía partiendo de un dato que puede parecer tan poco relevante como el color de su logo y su paleta de colores. Las marcas con logos azules y verdes eran vistas de forma inconsciente como mucho más respetuosas con el medioambiente y mucho más responsables socialmente que aquellas que tenían un logo rojo, como demostró el estudio.

Y, por supuesto, los colores son un elemento crucial a emplear cuando se quiere renovar la imagen de marca o cuando se quiere lograr que los consumidores sobrepasen ciertas ideas sobre la compañía y empiecen a pensar ciertas otra. Cada vez que una compañía hace un cambio de estrategia o cada vez que quiere modificar lo que los consumidores piensan de ella, se lanza a hacer un lavado de cara a su identidad visual. El logo y la paleta de colores se modifican y se reajustan, para así intentar convencer a los consumidores de que la firma es algo nuevo, que ha cambiado. A veces, el reajuste en la paleta de colores no cuaja, pero otras se convierte en el elemento clave para que los consumidores acepten lo que la marca quiere decirles y lo que está intentando vender en ese momento.

El último ejemplo en sumarse a la lista de marcas que han cambiado sus colores corporativos para mostrar una nueva identidad es McDonalds. La compañía de comida rápida se ha estado enfrentando en estos últimos años a una situación compleja: los millennials y los niños, que deberían ser sus públicos objetivos, no son ya tan fans de la marca y están dejando de consumirla, como demuestran sus cifras de negocio. La firma no los comprende y tiene por tanto un serio problema. Los niños tienen ahora paladares más educados que en el pasado y los millennials quieren comidas más exóticas (les gustan los sabores del mundo) y más gourmets. A eso se suman las críticas que las firmas de comida rápida están cosechando en general en la última década, cuando se han convertido en blanco de las críticas por las cuestiones asociadas a la salud. Su comida no es saludable y eso no es algo que guste a los consumidores modernos.

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