
El sexo como reclamo en la publicidad ya no vende
Por Redacción - 17 Marzo 2015
Uno de los habituales lugares comunes sobre cómo vender y cómo llamar la atención de los consumidores es el de que echar mano del sexo funcionará siempre. Al fin y al cabo, el recurso es muy antiguo y ha servido para atraer a los consumidores posiblemente desde el principio de la publicidad de masas. Las cremas de la Belle Époque o de los años 20 ya apostaban por eslóganes como el que crearían pieles que empujarían a ser tocadas para convencer a sus consumidores de que eran la mejor opción para comprar. Y desde siempre se ha jugado con dobles sentidos para conseguir despertar el interés de los consumidores en un mundo lleno de mensajes y en el que cada vez hay más marcas intentando llamar la atención.
Los ejemplos de que el sexo vende (o vendía) han sido variados durante los últimos años. Uno de los más claros ejemplos son los anuncios de los desodorantes Axe, que emplean el recurso de que servirán para llamar la atención del sexo opuesto como elemento para llamar la atención de sus potenciales consumidores. Cuando los anuncios salieron al mercado por primera vez (en Estados Unidos y en 2006) crearon muchos problemas, tantos como para que algún distrito escolar prohibiera el uso de esos desodorantes porque, como explica Martin Lindstrom en Así se manipula al consumidor, los adolescentes abusaban tanto de la fragancia que las aulas se convertían en un espacio fragantemente nauseabundo.
Pero este hecho y este principio que parecía imposible de ser discutido quizás ha llegado ya a su etapa final: el sexo ha dejado de vender y ha dejado de llamar la atención, al menos de forma positiva. Así lo acaba de demostrar un estudio, que ha analizado cómo responden los consumidores a un mensaje publicitario que usa el sexo para vender y las opiniones que despierta entre ellos.
Una agencia publicitaria, Ameritest, ha empleado como barómetro de lo que vende o no vende el sexo a un anuncio para una cadena de restaurantes. El anuncio jugaba con la desnudez de una modelo (no estaba desnuda, pero el anuncio jugaba con los sobrentendidos, como publica Warc) y un mercado de productos de granja. Tras ver el anuncio, el 27% del grupo de control que sirvió para analizar el anuncio aseguró que iría a comer a ese restaurante o a alguno de una cadena asociada en los próximos 30 días.
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