
El término, "Inteligencia Artificial" (IA), que hace poco parecía pertenecer exclusivamente al mundo de la ciencia ficción, ya está siendo incorporado al vocabulario habitual de muchas empresas. Amazon ha estado probando drones para sus envíos; Facebook ha contratado a un gurú en inteligencia artificial y Google ha adquirido recientemente la firma de Inteligencia Artificial, DeepMind. Estos pasos dados por los gigantes de la industria TIC, del comercio electrónico y de las redes sociales son una muestra no sólo la importancia que está adquiriendo este concepto en todos los sectores de actividad, sino también del valor económico que los últimos avances tecnológicos pueden traer a las empresas.
La Inteligencia Artificial es la causante de un cambio importante en la relación hombre-máquina. Si hasta ahora los seres humanos hacían el trabajo de pensar mientras las máquinas se encargaban de las labores mecánicas, parece que hoy las cosas se han dado la vuelta: hoy son las máquinas las que piensan y los hombres tenemos mayor libertad para dedicarnos a empresas creativas. Pensemos en el GPS del coche. Nos indica el mejor camino para llegar a nuestro destino, pero somos nosotros quienes decidimos a dónde nos tiene que llevar.
Los ordenadores nos dicen qué acciones debemos comprar, ayudan al robot Mars Curiosity a navegar por el planeta rojo o predicen qué productos vamos a adquirir, incluso antes de que nos hayamos dado cuenta de ello. En el ámbito de la publicidad, hace ya tiempo que algunas compañías se dieron cuenta de las ventajas de aplicar la Inteligencia Artificial: podía ayudar a los anunciantes a mejorar de manera exponencial la eficacia de sus campañas.
Hemos tenido que recurrir a las máquinas porque la enorme cantidad de datos sobre las transacciones que hay que gestionar y analizar hoy en día convierten esa tarea en imposibles para el ser humano. Están fuera de su alcance. La mente humana no puede analizar esa información y convertirla en valor para el negocio. Por eso, ha tenido que delegar en los ordenadores el análisis de los datos, la identificación de patrones de comportamiento y la extracción de conocimientos que permitan tomar decisiones. Y lo que es más, el tiempo ha dejado de ser nuestro aliado. Las máquinas tienen que ser capaces de reaccionar en cuestión de milisegundos para capitalizar las oportunidades en los medios digitales tan pronto como se generen. El usuario no espera para que aparezca un banner que le interese. El ordenador tiene que decidir en el mismo instante qué mensaje transmitir a un consumidor concreto y en un momento determinado.
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