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Cuando estalló el escándalo de Cambridge Analytica hace unas semanas, los consumidores, los responsables de organismos públicos o los analistas - por señalar algunas de las voces que se levantaron en contra - se manifestaron contra el uso que se había hecho de la información y el poco control que Facebook había tenido sobre ella. Los datos habían sido recolectados y nadie había frenado a la compañía para usarlos.

Pero sin duda uno de los elementos que más rechazo generaron fue no solo el uso de datos sino también qué datos habían sido empleados. El embrión del escándalo estaba en un test, que sirvió para recopilar información sobre los usuarios de la red social. El test no solo había permitido acceder a información, sino que además lo había hecho de un modo que de entrada no era el que se esperaba. Los datos que se habían recogido en Facebook entonces habían sido recolectados en el marco de un estudio universitario y en ese entorno. De ahí, habían sido reaprovechados por la compañía para otros fines.

Y la cuestión es que Cambridge Analytica y el uso de esta información podría no ser más que la punta del iceberg de una situación mayor, porque el estudio realizado con ese test no ha sido una excepción. Durante la última década, como apuntan en el análisis de The New York Times en el que se han adentrado en esta cuestión, han sido muchos los investigadores universitarios de todo el mundo que han empleado la información como banco de pruebas y de muestra.

Los datos se quedan en el limbo

Los datos recopilados por esos investigadores se quedan en una suerte de limbo, ya que no se sabe qué ocurre con ellos una vez que se cierra el estudio en cuestión. Como explican en el Times, en ocasiones han sido almacenados en servidores poco seguros. Que los datos fuesen copiados o vendidos para fines marketinianos no hubiese sido nada complicado.

Cuando se habla de los datos recopilados no se habla además de unos pocos datos o una poca información. Los investigadores han analizado muchísimas cosas en muchísimos terrenos y con alcances muy elevados. Unos investigadores lograron reunir datos de 368 millones de usuarios de Facebook en dos años. Intentaban averiguar qué era lo que los usuarios de la red social publicaban en ella.

Y este es solo un ejemplo, uno en el que los propios investigadores se plantearon ciertas cuestiones. Uno de los investigadores señala al diario que les preocupó lo fácil que resultaba recolectar esa información.

El control de Facebook es limitado

Y Facebook en este entorno poco puede hacer. Si alguien decide coger los datos que recopiló para hacer un estudio académico y luego venderlos al mejor postor marketero, lo más probable es que Facebook ni siquiera se entere de ello.

Facebook ha ido implantando medidas de control a medida que se iban produciendo escándalos. En 2014 limitó las apps y los usos de estas para conseguir datos. Ahora, post Cambridge Analytica, ha limitado el número de académicos con los que trabaja. Pero lo cierto es que incluso aunque echase el cerrojo ahora mismo, ya solo con preguntarse qué ha pasado con los datos recopilados en el pasado daría para hacer muchas preguntas.

De hecho, el Times intentó hacer un seguimiento de qué había ocurrido con los datos de muchos estudios universitarios que habían sido realizados en los últimos años. No pocos responsables de estudio decidieron no comentar. Uno señaló que lo que hizo el investigador que dio los datos a Cambridge Analytica "estuvo mal", pero que "muchos otros lo hacen a una mayor escala". "Simplemente no los pillan", apuntaba.