
Las empresas están perdiendo millones por seguir atacando la autoestima de sus consumidores para vender
Por Redacción - 22 Noviembre 2018
Cuando se acerca el verano, aparecen los anuncios que alertan a sus receptores de que no están listos. ¡No has perdido peso! ¡No tienes cuerpo veraniego! Esos suelen ser los mensajes de base que emplea y las herramientas a las que echan mano para llamar su atención y para invitarlos a que compren su producto. Pero, aunque este tipo de anuncios son habituales en esas fechas, no son un evento temporal.
La publicidad que intenta explotar las debilidades de los consumidores son recurrentes, ya sean problemas más o menos graves o más o menos reales. Una compañía de pequeños electrodomésticos está intentando vender, por poner un ejemplo, sus maquinillas depilatorias haciendo del vello corporal un drama tremendo. "El vello no deseado pone tu vida en pausa", dice una voz en off.
Más allá de si esa es la estrategia más adecuada para llegar a las consumidoras del siglo XXI (que seguramente se preguntarán si lo de la vida en pausa no es una exageración demasiado dramática y no podrán evitar poner los ojos en blanco ante tal afirmación), el formato publicitario juega con ese elemento de debilidades y de problemas que harán que te sientas peor. Juegan con la autoestima de los consumidores y con la visión que tienen de ellos mismos, para prometer que su producto solucionará todos esos problemas.
El formato publicitario es muy antiguo y su historia se puede seguir ya no solo en la historia de la televisión, sino también en la historia de las revistas y los periódicos en las hemerotecas. Si se coge un periódico del 1800, ya aparecerá el aviso de un agua milagrosa a la venta en algún lugar que eliminará todas aquellas cosas que "afean" el cutis.
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