
Por Redacción - 24 Abril 2017
Una de las figuras que eran casi obligatorias en las grandes empresas de hace unos años era el líder carismático. El consejero delegado de la firma, muchas veces también fundador de la misma, tenía una personalidad arrolladora y era una presencia recurrente en los medios de comunicación. Su peso y su papel era recurrente y constante y se producía una especie de identificación entre la empresa y su jefe/dueño.
Posiblemente, el ejemplo más claro de este tipo de directivos y de cómo operaban es Steve Jobs, el que fue fundador y consejero delegado de Apple en dos ocasiones diferentes dentro de la trayectoria de la empresa. Jobs era muy carismático y todo lo que decía y hacía era captado por los medios de comunicación. Además, tenía ciertos toques de "genio loco". Tenía sus puntos extravagantes y era también creativo, un ingenio para los negocios. Todo ello creaba un mix de una personalidad atractiva y seductora, que funcionaba como una suerte de paraguas para la propia compañía. Apple era Steve Jobs y Jobs era Apple.
La siguiente evolución de ese formato de directivos fue el directivo que además tenía un objetivo final, que buscaba un bien mayor o que quería conquistar un principio o un avance. Ellos también tenían esa especie de toque carismático de los anteriores, pero con un bien que iba más allá. Muchos de los fundadores de las empresas de la economía colaborativa jugaban con esta baza y basaban lo que hacían (y el cómo lo hacían) en ello. Eran empresarios con una misión y sus empresas eran empresas igualmente con ellos. En inglés son llamados los líderes "mission-driven", llevados por una misión.
No hay más que remontarse en la hemeroteca para verlos y para encontrar sus declaraciones. En los últimos tiempos, parecía no haber líder de empresa rompedora que no estuviese marcado por algo más trascendente que simplemente hacer caja (muy en línea, por otra parte, con la obsesión que los consumidores tienen últimamente con los valores dentro de las empresas) y todos explicaban cómo querían algo más, ya fuese la felicidad, el empoderamiento de la mujer o la creación de comunidad. Hasta Mark Zuckerberg ha señalado en más de una ocasión que Facebook es una empresa con una misión. Muchos de estos líderes se convertían en figuras públicas y muchos de ellos han publicado libros y ensayos de todo tipo sobre esas misiones que asocian a su papel y sobre cómo esperan que su palabra vaya más allá de sus propias compañías.
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