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Entre las previsiones informativas que los medios manejan para hoy está la de una concentración universitaria. La cosa podría parecer a simple vista no muy interesante, ya que las concentraciones y manifestaciones y la vida universitaria suelen estar muy unidas, y sin embargo lo es, porque está ligada a uno de los grandes escándalos en el panorama político en España en las últimas semanas.

La convocatoria de concentración es la Universidad Rey Juan Carlos, donde las asambleas de estudiantes llaman a los estudiantes a una concentración a las cinco de la tarde y el Sindicato de Estudiantes ya pide huelga de 24 a 48 horas. Las protestas son una respuesta al escándalo del máster de Cifuentes, pero entre los motivos que invitan a los estudiantes a salir a las calles está el de que la polémica "pone en cuestión el prestigio" de los títulos que los estudiantes están trabajando para conseguir.

Y es que, desde que ha comenzado el escándalo, los estudiantes de la universidad son el daño colateral de la situación. A medida que van surgiendo más y más datos sobre lo que ocurrió con el máster de Cristina Cifuentes, la presidenta de la Comunidad de Madrid, la universidad va perdiendo enteros en credibilidad y la situación de sus estudiantes y titulados se va volviendo más compleja. "Nuestros padres están nerviosos. Pagan por algo que no saben si merece la pena. Es injusto, con esto de Cifuentes parece que a todos los de la ", confiesa en una de las crónicas de prensa una estudiante de la universidad.

En los medios no es complicado encontrar noticias como la que publica El País y titula La universidad como chiringuito, en la que se analiza la situación de la universidad. "Que rueden cabezas, es la única manera de recuperar el prestigio. No es justo para la Rey Juan Carlos, hay mucha gente excelente", recogen en ese diario en declaraciones de Carmen Caffarel.

El rector de la universidad, Javier Ramos, ha enviado a los estudiantes un correo electrónico en el que reconoce que ha recibido la inquietud de los estudiantes y "el deterioro que esto ha supuesto a nuestra universidad", pero que van a trabajar para, en sus propias palabras, "llevar a la URJC al lugar que le corresponde".

Sin embargo, las palabras y las promesas no sirven para resolver el grave problema de credibilidad y de imagen en el que se encuentran, uno que va a costar mucho que consigan solucionar y solventar.

Todo se puede perder en cinco - o veinte - minutos

Y es que a vista de lo que ha ocurrido y de cómo se ha ido saliendo al paso en la gestión de la crisis, parece bastante lógico preguntarse si pensaron realmente en cómo lo que hacían tanto en el momento inicial como a medida que la prensa iba destapando más y más partes de la trama (y la universidad iba respondiendo) iba a afectar a su imagen pública.

En realidad, parece como si no hubiesen escuchado nunca una de las frases célebres de Warren Buffett (y una de esas lecciones de reputación de marca que se han consolidado como básicas). "Cuesta 20 años construir una buena reputación y cinco minutos arruinarla. Si piensas en eso, harás las cosas diferente", señalaba el célebre empresario. De hecho, en sus relaciones con los gestores de su compañía, ponía ya a la reputación como el más elemental de lo que había que mantener. Era "la prioridad top" y la que vencía "a todo lo demás". "No podemos ser perfectos pero podemos intentarlo", señalaba en un memorando a sus directivos. "No podemos afrontar el perder la reputación, incluso una pizca de reputación", añadía.

"Hay que saber que la reputación se construye fundamentalmente a través del trabajo que desempeña la empresa, de la comunicación y de lo que dicen de nosotros. Y se pierde cuando no se hace bien una de esas tres cosas", explicaba Fernando Prado, del Reputation Institute, en una entrevista hace unos años, señalando que lo que peor perdona el público son los comportamientos no éticos. Prado también señalaba, eso sí, que si se tiene una gran reputación hay que hacer las cosas "muy mal" para perder de golpe todo lo que se ha conseguido.

Pero si la reputación que se tiene ya está un tanto pillada por los pelos o si no es un jugador tan relevante del mercado, quizás que que esta se desmorone no sea tan complicado.

Cuando eres 'del término medio', la reputación es todavía más determinante

Y, quizás, esto es lo que se puede aplicar a la Universidad Rey Juan Carlos, ya que su reputación no era estelar. Era simplemente una universidad más. No estaba, por ejemplo, en el listado de las mejores universidades ni en el de las mejores facultades de España. Aunque en 2016 había aparecido como líder en un ranking de transparencia, ahora mismo lo que más se está recuperando en los artículos que analizan la situación de la universidad antes del escándalo era su politización y su nacimiento vinculado al Partido Popular y su condición de ser una más de las universidades de Madrid.

Un estudio que ahora los medios traen a colación concluía que la URJC era "la más barata de España, una de las más masificadas en términos comparativos con el resto del sistema y una de las que menos gastan por alumno", contando con demasiados títulos y pocos profesores (aunque eso no implicaba necesariamente malos resultados entre sus estudiantes).