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10 grandes Marcas que cambiaron de nombre y es probable que ni siquiera lo supieras

Por Redacción - 24 Marzo 2025

La identidad de una marca puede definir su éxito o fracaso. El cambio de nombre de una empresa no es solo una cuestión de estética, sino una decisión estratégica que puede definir su trayectoria y su conexión con los consumidores. Muchas empresas han decidido cambiar su nombre para adaptarse a nuevas estrategias, llegar a un público más amplio o simplemente para mejorar su imagen. Aunque hoy son gigantes en sus respectivas industrias, pocas personas recuerdan que alguna vez tuvieron una identidad diferente.

Por ejemplo, Google, una de las empresas tecnológicas más influyente del mundo, no siempre llevó ese nombre. En sus inicios, en 1996, los fundadores Larry Page y Sergey Brin la llamaron BackRub, en referencia al análisis de enlaces de retroceso (backlinks) en la web. Un año después, se dieron cuenta de que necesitaban un nombre más atractivo y fácil de recordar, por lo que adoptaron Google, inspirado en el término matemático "googol", que representa un 1 seguido de 100 ceros.

Estos cambios también ocurren cuando una empresa quiere desvincularse de su pasado tras ser adquirida. Cuando Google reorganizó su estructura empresarial, creó Alphabet Inc. como su nueva matriz, marcando una transición hacia una corporación más amplia que abarcaba diversas industrias más allá de los motores de búsqueda.

La lista de estas empresas y marcas que cambiaron de nombre continua con Pepsi, una de las bebidas más populares a nivel mundial, tuvo un comienzo modesto con el nombre Brad’s Drink en 1893. Su creador, el farmacéutico Caleb Bradham, formuló la bebida como un tónico digestivo. En 1898, decidió renombrarla como Pepsi-Cola, combinando la palabra "pepsina", una enzima digestiva, con "cola", en referencia a la nuez de cola utilizada en su receta original.

De igual forma, Nike, la marca de ropa y calzado deportivo más reconocida del planeta, nació en 1964 bajo el nombre de Blue Ribbon Sports. En sus primeros años, la empresa solo distribuía zapatillas de la marca japonesa Onitsuka Tiger (hoy Asics). En 1971, adoptó el nombre Nike, inspirado en la diosa griega de la victoria, un cambio que consolidó su identidad global.

Cambiar el nombre de una empresa o marca puede ser una de las decisiones más arriesgadas en el mundo de los negocios, pero en muchos casos es una necesidad estratégica. La identidad de una marca está profundamente ligada a la percepción del público, y un cambio de nombre puede significar tanto una oportunidad como un desafío. Si se ejecuta bien, puede abrir nuevas puertas, pero si se maneja de manera incorrecta, podría generar confusión y pérdida de clientes leales.

La evolución del negocio también puede hacer que un nombre deje de representar adecuadamente a la empresa. Muchas marcas comienzan con un enfoque específico y con el tiempo amplían su alcance. Por ejemplo, Subway, la cadena de sándwiches más grande del mundo, comenzó su historia en 1965 con el nombre Pete’s Super Submarines. Su fundador, Fred DeLuca, abrió su primer local con la intención de financiar sus estudios universitarios. En 1968, decidió simplificar el nombre a Subway, más fácil de recordar y alineado con su concepto de servicio rápido y accesible.

Otro gran ejemplo es el de Lego, la icónica marca de juguetes, comenzó en 1932 bajo el nombre Billund Maskinsnedkeri, en honor a su lugar de origen en Dinamarca. En 1934, adoptó el nombre Lego, derivado de las palabras danesas "leg godt" (juega bien), una decisión que marcó el inicio de su expansión global y consolidó su identidad en el mercado de los juguetes.

Algunas marcas con nombres largos o anticuados han optado por versiones más cortas, directas y memorables para mantenerse relevantes en un mundo cada vez más digital. Un ejemplo es IBM, que originalmente se llamaba Computing-Tabulating-Recording Company (CTR), pero adoptó un nombre más simple y alineado con su crecimiento globla. Este es el caso de empresas como IBM, el gigante de la informática, que nació en 1911 como Computing-Tabulating-Recording Company (CTR), una empresa enfocada en el procesamiento de datos mediante tarjetas perforadas. En 1924, con la visión de ampliar su alcance, adoptó el nombre International Business Machines (IBM), una marca que hoy es sinónimo de innovación y tecnología.

Marcas como Sony, líder en la industria de la electrónica y el entretenimiento, también se enfrentaron a este reto. La compañía que comenzó en 1946 como Tokyo Tsushin Kogyo (TTK), una empresa enfocada en la fabricación de radios y equipos de comunicación, decidió en 1958, buscar un nombre más internacional y fácil de pronunciar. La compañía optó por Sony, combinando el término latino "sonus" (sonido) y "sonny", que en inglés hace referencia a los jóvenes. Algo similar a lo ocurrido con eBay, el gigante de las subastas en línea, que fue fundado en 1995 bajo el nombre AuctionWeb. Su creador, Pierre Omidyar, lo concibió como un simple sitio para subastas en línea. Sin embargo, en 1997, decidió cambiar el nombre a eBay, una referencia a su empresa original, Echo Bay Technology Group, con el objetivo de posicionarse como una plataforma global de comercio electrónico.

Tras fusiones o adquisiciones, cambiar el nombre de una empresa o marca puede ser una estrategia clave para consolidar su identidad y unificar su presencia en el mercado. Un ejemplo de ello fue PayPal, la compañía pionera en pagos digitales que surgió en 1998 bajo el nombre Confinity, centrada en desarrollar software de seguridad para dispositivos móviles. En 2001, tras fusionarse con X.com, la empresa de Elon Musk, adoptó el nombre PayPal, reflejando su misión de facilitar pagos en línea de manera segura y eficiente.

Cuando un nombre original es difícil de escribir, deletrear o pronunciar, cambiarlo puede ser una estrategia clave para mejorar su reconocimiento y facilitar su adopción por parte del público. Un nombre complicado puede generar confusión, dificultar la búsqueda en internet y limitar el crecimiento de la marca en mercados internacionales. Twitter, la plataforma de microblogging que revolucionó la comunicación digital, fue un claro ejemplo. Tuvo un nombre distinto en su fase inicial en 2006. Sus creadores la llamaron Twttr, en referencia a los sonidos cortos de los pájaros, pero al poco tiempo añadieron las vocales y la transformaron en Twitter, un término que simbolizaba las rápidas y concisas interacciones que definirían su esencia.

Estos casos demuestran cómo una identidad bien pensada puede ser clave para el éxito global de una marca. Si bien cambiar de nombre implica riesgos, en muchos casos es un movimiento necesario para evolucionar, expandirse y mantenerse competitivo en un mercado en constante cambio. La clave del éxito radica en una estrategia bien planificada, una comunicación efectiva y una comprensión profunda de cómo el público percibirá la nueva identidad.

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