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Cuando hace unos años las redes sociales estaban en ese momento dorado en el que parecían cambiarlo todo y en el que todo lo que hacían parecía maravilloso, había una pregunta que se repetía de forma recurrente cuando se asistía a charlas y a congresos en los que se tocase el tema de los medios. A quien estuviera sobre el escenario siempre alguien del público le acababa preguntando si los feeds estaban muertos ya o iban a morir de forma inminente. La persona en cuestión podía responder de muchas maneras, pero la esencia era siempre más o menos la misma. Las redes sociales habían hecho que los feeds de noticias empezasen a ser cada vez menos relevantes.

Los feeds habían sido una manera de acceder a las fuentes de información que más interesaban a los internautas de forma sencilla y única. Era la manera de tener todas las fuentes que interesaban en un mismo escenario y poder ver los titulares rápidamente por encima, antes de hacer clic en aquellos que se querían leer. Lo que apuntaban esos comentaristas en los tiempos primeros de las redes sociales es que las propias redes sociales ya ofrecían eso también: si se entraba en el feed de Facebook y se seguía a varios medios, ya se podían ver esos contenidos. Y, sin duda, Twitter era la alternativa a los feeds más atractiva y eficiente que se podía imaginar. Toda la información entraba en tiempo real.

Todo ello hacía que los feeds entrasen en crisis. Como ocurría con las newsletters, los feeds fueron desplazados en los mensajes de los medios. Todo empezó a ser un síguenos en Facebook, síguenos en redes sociales. Se dejó de trabajar el feed.

De hecho, cuando en 2013 cerró Google Reader, el lector de feeds de Google, se vio como una especie de muestra más del fin de los feeds. Si Google cerraba Google Reader tenía que ser simple y llanamente porque no le compensaba. Las cifras de uso que apuntaba entonces Forrester mostraban también que el uso de estas herramientas había caído en los últimos años.

Pero tras el anuncio del cierre aparecieron un montón de artículos que apuntaban alternativas. Sorprendentemente, no pocos fueron los que tras el anuncio simplemente buscaron cómo y desde dónde seguir accediendo a todos sus feeds. Feedly, un lector de feeds hasta entonces minoritario, recibió un empuje en presencia en medios y posiblemente en usuarios.

¿Un revival del feed?

El cambio en las reglas del juego en los últimos tiempos también podría tener un impacto en los RSS y en los feeds de información. Esas redes sociales que estaban posicionándose como la mejor alternativa para acceder a la información y como el elemento que permitía saberlo todo en todo momento han dejado de ser tan efectivas.

Los algoritmos que controlan qué vemos han hecho que las redes sociales ya no sean tan fiables como fuente de acceso a la información. Por un lado, el hecho de que poco a poco haya ido muriendo el acceso a la información en orden cronológico ha limitado su uso como fuente de actualidad informativa.

Por otro lado, el hecho de que se hayan producido movimientos que penalizan a los medios (solo hay que pensar en Facebook para comprenderlo) hace que las redes sociales no sean ya tan eficientes y efectivas como fuente informativa. Los medios han perdido millones de visitas por culpa de los cambios en el algoritmo de Facebook y los usuarios el acceso rápido a la información.

La gran cuestión es si estas dos cuestiones deben ser vistas como una palanca y una excusa para un revival del feed.

Volver al feed

Los feeds pueden ser la manera de volver a recibir las noticias sin que ningún algoritmo elimine información y haga un trabajo de 'curator', algo que - como apuntan en un análisis en Xataka - cada vez quieren más personas.

La alternativa a unas redes sociales que controlan la información (y que hacen que recibamos cosas que no nos interesan y que perdamos la oportunidad de ver otras que sí) podría estar en recuperar nuevamente los feeds RSS. De hecho, ya hay quienes han vuelto a los feeds tras haberlos dejado, porque permiten acceder a la información en orden cronológico y de una forma más aséptica. No hay el ruido de fondo de lo que todo el mundo parece que está diciendo y opinando y no hay ningún algoritmo que premie a una cosa sobre otra.