Podría decirse que el personal branding (como proceso) y la marca personal o personal brand (como resultado) están de moda. Hay muchísimos especialistas de alto nivel y reputadas organizaciones trabajando el tema, y muchos de ellos prácticamente en exclusiva, pues realmente hay mercado más que suficiente como para poder descartar otras líneas de trabajo. Se imparten muchas y diversas modalidades de formación especializada al respecto; se investiga bajo diferentes enfoques; se desarrollan múltiples procesos consultivos y de coaching; diariamente gran cantidad de artículos, y periódicamente algunos libros, ven la luz. Se puede coincidir o no con algunas propuestas, pero es preciso reconocer que hay grandes aportaciones de las que mucho podemos y debemos aprender (lanzadas al ruedo por reconocidos expertos, de cuya impronta intenta nutrirse en abundancia este servidor), y cuyos resultados debemos aplicar y validar, para seguir situando el tema en el elevado lugar que merece dentro de las prioridades sociales, organizacionales e individuales en función del desarrollo.

Por otra parte, aumenta de forma exponencial la cantidad de directivos empresariales, líderes políticos y comunitarios, coaches, consultores, académicos, médicos, ingenieros, psicólogos, abogados, sociólogos, escritores, artistas, comunicadores, representantes de otras muchas profesiones, emprendedores de diferentes áreas, etc., etc., que se sumergen en el mundo del personal branding, buscando recibir y capitalizar las importantes ventajas que brinda el poseer una marca personal atractiva e impactante en sus respectivos ámbitos de actuación. La recién nacida función (esperemos que muy pronto profesión) de personal brander (una especie de productiva simbiosis entre estratega, formador, coach y consultor en el área) va tomando cada vez mayor cuerpo y más elevado vuelo, aunque falta muchísimo camino por andar. Y es que el tema realmente lo amerita: no es posible sobrestimar la importancia de este atributo estratégico denominado marca personal.

Pero al parecer, y como en todo campo relativamente nuevo del conocimiento (el surgimiento del tema como concepto, objeto de estudio y práctica sistematizada apenas tiene dos décadas), todavía no es suficiente ni está lo bastante extendido su dominio teórico y sobre todo metodológico, ni abunda la producción científica relativa al tema (¡que la requiere!), ni ha sido este lo suficientemente divulgado, para que haya un status más o menos homogéneo de calidad, pertinencia e impacto en los procesos de personal branding a un nivel extendido de la sociedad. De ahí que a menudo se manifiesten contradicciones conceptuales y/o de método; y especialmente en los ámbitos comunicacionales y organizacionales, saltan a la vista algunas distorsiones.

Porque como cualquier resultado que se pretenda obtener en la vida, la marca personal requiere del desarrollo y gestión efectiva de uno o más procesos, y estos se sistematizan y agrupan bajo la denominación en lengua inglesa personal branding (supongo y espero que a falta de una mejor, o al menos igual de breve e impactante, en nuestro rico idioma español). Y la gestión de la marca personal no puede ser improvisada, si se quieren resultados positivos. Debe ser planificada, organizada, dirigida, controlada y evaluada, y tras cada ciclo o periodo de gestión del atributo, deben incorporarse los nuevos temas, las nuevas metas, las nuevas estrategias, tácticas y acciones para materializar la visión. ¿Cuál? La marca personal que se esté buscando, construyendo, replanteando, reorientando o reposicionando, según el caso.

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