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Una de las noticias de la semana ha sido la muerte de un cachalote en una playa de Murcia. La aparición del animal muerto hubiese sido ya una noticia destacada, pero más lo fue cuando se descubrió la probable causa de su muerte. En el interior del animal había, como recogieron los medios luego, un total de 29 kilos de basura marina. Entre lo que había comido el cachalote había bolsas de basura, sacos de rafia, cabos, trozos de redes o un bidón.

La muerte del cachalote se había convertido en una muestra clara del problema de los mares y de la elevadísima contaminación que estos soportan. Al fin y al cabo, no hay que olvidarlo, la cantidad de plásticos arrojados al mar es tan elevada que ya crean islas de basura que navegan a la deriva en los océanos.

El plástico se ha convertido en un problema medioambiental, en uno para las autoridades y organismos públicos (y en el marco de esto se puede enmarcar la normativa contra el uso de bolsas de plástico que se aplicará en breve) y para los ciudadanos. También se ha convertido en un problema para marcas, empresas y compañías de retail, ya que para muchos son las culpables de lo que ocurre con su uso abrumador de plástico en bolsas, embalajes y packaging en general. Para las empresas, el plástico se ha convertido en una especie de pesadilla.

De hecho, el plástico - o la ausencia del mismo - se ha convertido en una de las grandes tendencias de packaging para este año. Asumir el peso en la contaminación e impulsar la economía circular para eliminar el packaging de desecho o dotar al packaging de conciencia se han convertido en elementos que marcan la agenda.

Limpiarse de la mala prensa del plástico

Las empresas están por tanto trabajando en otra línea para intentar limpiarse de los efectos negativos en la imagen pública del plástico. Pero ¿están dejándose llevar demasiado las marcas y las empresas en esta búsqueda por convertirse en compañías limpias y tomando decisiones de forma equivocada?

No parece haber duda de que el plástico es un problema. Hay un exceso en el uso de plástico y hay un problema en cómo se gestionan los residuos que generan. Tirar una botella en la arena de la playa no es una buena idea, al fin y al cabo, como tampoco no tener políticas de reciclaje eficientes y tampoco el meter plástico en cada esquina.

No parece posible discutir que hay que cambiar cómo nos relacionamos con el plástico. Sin embargo, algunos analistas creen que las empresas están abordando la cuestión no de un modo muy meditado. La gran pregunta es, para algunos, la de qué papel deberían jugar en todo esto las marcas y si no estarán tomando decisiones pensando solo en la bonita nota de prensa y no en las necesidades del packaging.

¿Están prometiendo antes de tiempo que van a acabar con el plástico?

"Las marcas deben ser muy cuidadosas a la hora de no responder demasiado pronto a la presión de los medios", explica a The Drum el chief executive del Museum of Brands, Packaging and Advertising, Chris Griffin. "Lo que puede funcionar como compromiso hoy, puede meterlos en problemas en el año siguiente", añade. Griffin se refiere a todas las promesas que las marcas están haciendo. Muchas multinacionales se están poniendo grandes compromisos en lo que a uso de plástico se refiere, prometiendo alternativas y cambiar todo lo que hacen a muy pocos años vista.

Las promesas encajan muy bien con el sentimiento de los consumidores (y al fin y al cabo con los problemas y la realidad en la que se mueven), pero lo que temen los expertos es que no sean del todo realistas. ¿Pueden las marcas realmente prometer que dejarán todo el plástico en el año X? Y ¿lo están haciendo como algo más que simplemente una promesa para quedar bien en la conversación? Diseñar packaging y diseñar especialmente packaging que funcione es un proceso muy largo, quizás más de lo que parece que esas promesas están teniendo en cuenta.

¿Pueden ofrecer lo mismo sin plástico?

Y, además, como recuerda el experto, el plástico ha permitido a las empresas hacer muchas cosas y conseguir dotar a sus productos de funcionalidades, formas, servicios y valores para los que todavía no necesariamente se han encontrado alternativas. Sin embargo, están haciendo ya grandes promesas para dejar atrás el plástico. En algunos casos, como la industria de la comida, el plástico parece casi un elemento decisivo a la hora de mantener los productos.

A eso hay que sumar también factores como los costes. Y, al final, quienes están experimentando más con materiales diferentes es la industria del lujo, que tiene un problema mucho menor en términos de costes a la hora de pensar su packaging. Ellos se venden más caros.