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Uno de los hombres más poderosos de la industria de la publicidad y el marketing ya no lo es más: Martin Sorrell, que hasta este fin de semana era el CEO de WPP, ha dimitido. El directivo ha dejado su puesto en medio de una investigación por comportamiento inapropiado y uso inadecuado de los recursos.

Sorrell ha rechazado las acusaciones, pero aun así considera que lo más adecuado es dimitir. "En vuestro interés, en interés nuestros clientes, en interés de nuestros accionistas, tanto grandes pequeños, y en interés de nuestros inversores, lo mejor es que dé un paso atrás", señaló en la carta a sus empleados en la que anunciaba su dimisión.

Roberto Quarta, que era el presidente de la compañía, se ha convertido en presidente ejecutivo mientras WPP busca a un nuevo CEO que asuma el control del gigante de la publicidad, mientras dos directivos se repartirán el trabajo de COO. Estos dos directivos, Mark Read y Andrew Scott, son los que las quinielas apuntaban como potenciales sustitutos de Sorrell en las últimas especulaciones sobre el futuro de la compañía.

El directivo llevaba más de 30 años al frente de la compañía, desde que asumió el cargo de CEO en 1986 y convirtió a la firma - que hasta entonces era sobre todo un fabricante de carritos de hacer la compra - en un gigante publicitario con 200.000 empleados en todo el mundo. En los últimos años, se había convertido en casi una fuente recurrente de declaraciones polémicas, especialmente en contra de las grandes compañías tech, como Google y Facebook.

Sorrell no desaparecerá por completo de WPP. El directivo se quedará en la compañía de forma indefinida mientras se hace el proceso de traspaso de poderes.

Un momento complicado

Además de la investigación, el momento no es el mejor para la agencia, que es uno de los grandes nombres que se suelen recordar cuando se habla de la crisis en la que las agencias se hayan sumidas. El mercado está viviendo un momento de cierta crisis existencial por culpa del impacto de los gigantes de la red y cómo han cambiado las reglas del juego, por cómo las grandes empresas están replanteándose su estrategia y por cómo sus previsiones a futuro son cada vez menos positivas.

Que grandes clientes como Procter&Gamble hayan reducido el presupuesto que dejan en manos de las agencias y que la publicidad programática esté en crecimiento no ha ayudado a hacer las cosas más positivas. De hecho, las acciones de la compañía han caído en el último año en un 30%.