
Por Redacción - 1 Marzo 2018
Los selfies se han convertido en uno de los elementos que se suelen ridiculizar cuando se habla de las redes sociales y del comportamiento de los usuarios de las mismas. Hemos empezado a hacer selfies todo el tiempo y a emplearlos de forma abrumadora. No es difícil, por tanto, hacer de ellos una parodia y un elemento para el escarnio, especialmente cuando aparecen noticias tras noticias de personas a las que les ha pasado algo por culpa del selfie que estaban haciendo.
Pero que protagonicen críticas, parodias y chistes no ha hecho que sean menos populares. Seguimos haciendo muchos selfies y lo que es más importante, al menos para marcas y empresas, seguimos publicándolos de forma masiva en redes sociales.
Los selfies son, se mire como se mire, una ventana abierta a los consumidores, a lo que les interesa, lo que quieren mostrar al mundo y lo que les rodea. Los selfies cubren aquellas cosas que les parecieron relevantes en su momento y también lo que están haciendo, viendo, vistiendo o consumiendo. Y, por tanto, son una oportunidad bastante clara para conocer mejor a los consumidores y conectar con ellos.
Las marcas y las empresas llevan años empleando las redes sociales para intentar comprender mejor a sus consumidores. Es la era de la escucha social y de analizar los mensajes que se publican día tras día y hora tras hora. Como recuerdan en un análisis de Crimson Hexagon, las compañías se han lanzado a analizar lo que se dice en miles de millones de mensajes publicados en redes sociales cada día.
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