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El afilador y su flauta de pan: Lecciones de Marketing y Ventas que nos dejaron como legado

En los entornos urbanos, llenos de ruido y bullicio, el afilador lograba captar la atención del público gracias a su sonido distintivo.

Por Redacción - 15 Julio 2024

En la actualidad, nuestro día a día se ve influenciado por todo tipo de sofisticadas y complejas estrategias de marketing e impactos publicitarios. En este escenario, podría parecernos que la figura del afilador callejero, con su flauta de pan y su pregón característico, perteneciera a un pasado distante. Sin embargo, aunque en un número mucho mejor, muchos de estos tradicionales afiladores y vendedores ambulantes siguen recorriendo las calles de algunos pueblos y ciudades utilizando los mismos métodos y reclamos que en antaño. Pero analizando sus métodos desde una perspectiva moderna, podemos encontrar valiosas lecciones de marketing y ventas que siguen siendo relevantes hoy en día.

La figura del afilador itinerante se extendió por toda España y el mundo. Los primeros afiladores transportaban manualmente la piedra de afilar. Con el tiempo, empezaron a utilizar carros de madera y posteriormente bicicletas o motos para desplazarse de un lugar a otro. Además de afilar cuchillos, navajas y tijeras, los afiladores también se encargaban de reparar otros utensilios de cocina desgastados por el uso. Anunciaban su presencia con el característico silbato de su flauta.

El sonido típico del afilador es una combinación de dos elementos fundamentales: la flauta de pan y la voz del propio afilador. La flauta de pan, también conocida como "pito del afilador" o "chiflo", es un pequeño instrumento musical hecho de cañas o plástico. El afilador sopla en la flauta creando una melodía simple y repetitiva que sirve para anunciarse por las calles. Este tono suele ser alto y claro, diseñado para ser escuchado a larga distancia. A este llamado musical se suma la voz del afilador, quien pregona su oficio en voz alta con frases como "¡Afilador! ¡Afilo tijeras, cuchillos, navajas!". Este tono vocal, generalmente alegre y llamativo, tiene el propósito de atraer la atención de los potenciales clientes incluso desde el interior de sus hogares.

Esta expresión ilustra la importancia de ser proactivo y adaptable cuando las circunstancias no se alinean con nuestros deseos o planes. En el contexto de los afiladores callejeros, esta frase refleja perfectamente su enfoque dinámico y flexible para atraer clientes y ofrecer sus servicios. Los afiladores, con su característico sonido de la flauta de pan, no esperaban pasivamente a que los clientes vinieran a ellos. En lugar de establecer un negocio fijo y esperar a que los clientes llegaran, los afiladores llevaban su servicio directamente a los hogares y negocios de los clientes potenciales. Al recorrer las calles y barrios, los afiladores se aseguraban de estar presentes donde su servicio era necesario, maximizando así sus oportunidades de negocio.

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