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La televisión no se encuentra en su mejor momento en lo que a audiencias y conexión con los espectadores se refiere. En Europa, la industria ha intentado mantenerse un tanto ajena al problema, ya que los números 'terribles' eran cosa de EEUU y ellos aún podían dar argumentos numéricos a su favor. Sin embargo, las cosas están cambiando y el mercado español puede ser un buen ejemplo de cómo la crisis de la tele ha llegado al Viejo Continente.

Los últimos números sobre el mercado español en lo que respecta a la televisión no son muy positivos para este medio. Según las últimas cifras de Kantar Media analizadas por Barlovento, la televisión está en pérdida de audiencias desde 2012, cuando cerró su mejor registro. Desde 2012 a 2017 los minutos de consumo televisivo fueron cayendo de forma progresiva y solo los cambios en la medición de audiencias hicieron que las cosas mejoraran en 2018.

Ahora mismo, las audiencias se miden con invitados, un método de medición que la industria cree que es más justo y representativo de quiénes ven la tele pero que desde fuera parece más un parche ante los problemas que otra cosa. La medición con invitados permite sumar en los medidores de audiencias a aquellos espectadores que están viendo la tele en casa del espectador de referencia, pero que no viven en ella.

Pero incluso así los datos no son especialmente positivos. El nuevo sistema frena la sangría haciendo que la caída sea simplemente menos abrupta. A pesar de ello, frente a 2012, se han perdido 13 minutos de visionado de televisión (y eso que el referente que se usa en medición en esta comparativa es el mes del Mundial de Fútbol, que es un mes con mayor consumo de televisión). La televisión lineal y tradicional pierde fuelle frente al acceso del contenido bajo demanda. Este no tiene todavía sus números de audiencia, cierto, pero es quien está haciéndose con los espectadores que la tele de siempre pierde.

El impacto del cambio de la situación del mercado se empieza ya a ver bastante claro en no pocos elementos. En los últimos meses, los gigantes de la televisión en España han empezado a hacer aguas en bolsa. Atresmedia ha perdido el 35% de su valor bursátil y Mediaset el 30%. Sus ingresos en el último trimestre también han sido más negativos que en el pasado.

Las audiencias están cambiando. Según los últimos datos de la AIMC, el consumo de televisión a través de internet se ha duplicado en los últimos tres años. Antes eran el 20% de los internautas, ahora son ya el 40%.

Una crisis global

Y, al fin y al cabo, lo que les está ocurriendo no es más que un episodio más de una crisis global. La televisión está en crisis de forma mucho más amplia y Netflix, Hulu, HBO, Amazon y hasta Apple están cambiando el modo en el que se accede y se accederá a los contenidos, creando imperios de la televisión bajo demanda (aunque algunos analistas alertan ya de que esos imperios tienen, financieramente, pies de barro).

La televisión está viviendo ahora mismo el cambio del modelo y está viendo como el paradigma que había funcionado durante décadas entra en crisis. Ha pasado del tener a una audiencia casi cautiva a enfrentarse por la atención de sus espectadores. La cuestión está en cómo logrará reponerse a este cambio de situación y cómo conseguirá mantenerse como referente.

Estados Unidos, el mercado de referencia para estas cosas, ya ha dado señales de alarma a las televisiones. Estas están perdiendo a sus espectadores mucho más rápido de lo que se pensaba.