
Por Redacción - 25 Abril 2017
En la lista de cosas que se consideran importantes cuando se monta una empresa, la comunicación no suele estar en los puntos destacados. Salvo que sean empresas que tengan muy claro lo que están haciendo y que sean muy conscientes de la importancia del marketing, la publicidad y la comunicación desde un primer momento, lo cierto es que estas herramientas suelen quedarse de lado o suele asumirse que cualquiera, dentro de la compañía, podrá hacerlo. Cuando se es una empresa de pequeño tamaño, además, que tiene que ser muy eficientes con los costes, los perfiles como el del director de comunicación (o incluso el freelance al que algunas empresas de un tamaño un poco mayor fichan para hacer este trabajo) o gestor de comunicación suelen no aparecer siquiera en el organigrama.
Más allá de recordar que el trabajo de comunicación es complejo, delicado y muy importante a la hora de establecer a una empresa y su imagen ante el consumidor (y que por tanto debería estar siempre en manos de un profesional, de alguien que sepa lo que está haciendo), existen ciertas pautas mínimas que estas empresas sin dircom y sin profesionales de la comunicación deberían tener en cuenta. Hay ciertas lecciones que estas pymes deberían aprender y ciertos errores que deberían dejar de cometer. En cierto modo, ciertos elementos podrían verse como las bases de una formación exprés en comunicación, como los mínimos que deberían tener en cuenta.
Una de las peores cosas a las que tiene que enfrentarse un periodista cuando va a entrevistar a alguien en una pequeña empresa, especialmente una de esas en las que hay una persona que parece controlarlo todo, es esa sensación de que tiene que ganarse la confianza del entrevistado, de que tiene que solventar muchísimos obstáculos que parecen además difícilmente franqueables. El entrevistado/portavoz de la empresa lo mira como si estuviese allí para venderle algo o como si fuese una especie de enemigo. Lo cierto es que no es ni una ni otra cosa. El periodista simplemente está haciendo su trabajo y, en muchas ocasiones, ese trabajo va a ser positivo para la empresa a la que está entrevistando.
A menos que estés preocupado porque el periodista vaya a hacer un artículo de denuncia sobre las malas condiciones en las que tienes a tus empleados (y entonces deberías temer a Inspección de Trabajo también y a tus propios clientes, que dejarán de consumir cuando se enteren de semejante falta de ética), no tiene ningún sentido mirar al periodista como si fuese un enemigo.
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