
El poder del marketing olfativo es tan elevado que funciona hasta cuando se hace que el consumidor imagine el olor
Por Redacción - 7 Octubre 2020
El poder del olfato es muy elevado en términos de marketing. Los consumidores procesan la información que reciben a través de este sentido sin ser realmente muy conscientes de lo que está ocurriendo y de que están recibiendo todos estos estímulos. El impacto es, por tanto, más elevado, al tiempo que el mensaje cuaja de un modo más firme en la memoria. Además, el olfato tiene la capacidad de desencadenar recuerdos y asociaciones, algo que puede resultar muy positivo para las marcas y para sus productos.
De hecho, las marcas llegan a emplear marketing olfativo hasta en exteriores, haciendo que el mobiliario urbano huela a salsa barbacoa o que las paradas de metro lo hagan a los ingredientes de una ginebra, para potenciar el impacto de ciertas campañas de marketing. En otras ocasiones, el marketing aromático se usa para apuntalar comportamientos. Por ejemplo, un buen juego en aromas hace que pasemos más tiempo en las tiendas y los cítricos logran que gastemos más dinero.
Pero ¿qué pueden hacer las compañías cuando lograr que los consumidores huelan algo es prácticamente imposible? ¿Cómo posicionar el olor cuando los únicos elementos que se pueden lanzar son visuales?
Aunque se podría dar por sentado que si solo se pueden lanzar imágenes se va a perder el elemento olfativo, nada más lejos de la realidad. Si se desarrolla una buena estrategia y se emplean ciertos estímulos, el cerebro del consumidor cubrirá los vacíos que pueda dejar lo que realmente están percibiendo sus sentidos.
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