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Lo retro y lo vintage siempre vuelve porque siempre vende

Los productos que recuerdan el pasado hacen que los compradores sean mucho más desprendidos en el gasto

Por Redacción - 5 Febrero 2016

Puede que se tenga una casa de última generación, con todos los adelantos de la vida moderna y con todos los elementos que hacen que la vida sea mucho más cómoda y que meten al hogar en el siglo XXI. Habrá WiFi, por supuesto, las últimas mejoras en calefacción que aseguran que toda la casa esté siempre caliente y una larga lista de comodidades contemporáneas. Pero, al mismo tiempo, posiblemente sea fácil cruzarse con latas de galletas que parecen sacadas de la despensa olvidada de la abuela, con muebles de diseño retro que bien podrían pasar por encontrados en un anticuario si no fuera porque están demasiado nuevos y con elementos que se pensaba que habían desaparecido ya para siempre de la vida de los consumidores en favor de nuevas tecnologías. En los últimos años, en una esquina del salón, ya no parece tan raro encontrarse con un reproductor de discos de vinilo.

¿Qué es lo que hace que todas estas cosas convivan con los elementos más modernos y que los consumidores de hoy se lancen a hacerse con ellos?

Es el poder de lo que se ha convertido en una de las palabras de moda en los últimos años: lo vintage. Puede que los consumidores de otras generaciones estuviesen obsesionados con lo moderno y con el futuro. Entre los años 50 y 60, todo lo que importaba era lo que viniese del mañana y los consumidores se hacían con cosas que pareciesen muy modernas. Fue el momento de la pasión por lo atómico, la era del plástico o el de las Casas-Futuro, casas diseñadas como una suerte de platillos volantes que podían ser fácilmente movidos. Pero esta obsesión por el futuro y por las cosas futuristas no es la que impera ahora mismo: ahora lo que interesa es el pasado.

Los consumidores están obsesionados con las cosas que recuerdan a "antaño". Compran tazas en tiendas de decoración que parecen salidas de un hogar victoriano, cocinan vistiendo un mandil de ama de casa de los 50 y usando una batería de tarteras que bien podría haber estado en su casa y recuperan los elementos que la abuela desterró de la cocina porque consideraba que eran demasiado antiguos.

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