
Incubación de sueños dirigida, o la publicidad que ¿siempre? soñaste.
El discurso publicitario está impregnado de préstamos de todo tipo de ciencias. Su propósito no es otro que favorecer su fin primordial: vender.
Una de las que ocupa un lugar destacado desde sus inicios es la psicología.
La histórica aportación en la famosa marcha -Torches of Freedom- en 1929 de Edward Bernays, psicólogo sobrino de Freud, sentó las bases de una sólida colaboración entre ambas disciplinas que ha llegado hasta hoy. Bernays consiguió para la industria tabacalera norteamericana que las mujeres fumasen, algo hasta ese momento reservado a los varones. Su contribución, basada en la detección de motivaciones, permitió a la industria del tabaco doblar sus ingresos en tiempo récord.
Y, si la publicidad ha depurado sus técnicas de persuasión, segmentación y puesta en medios, también la psicología ha avanzado en numerosos frentes.
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